Salud

Estudios realizados en las últimas décadas comparando distintos estilos de alimentación han comprobado que los países del mediterráneo tienen mejores expectativas de vida y menores tasas de enfermedades cardiovasculares y cáncer que otros países del mundo. Esto gracias a la llamada Dieta Mediterránea, un estilo de alimentación donde el aceite de oliva tiene un rol protagónico.

Las grasas cumplen una importante función como fuente energética de nuestro organismo, por lo que no es posible concebir una vida sana sin ellas. Sin embargo, el alto aporte calórico de estos componentes los transforman también en un riesgo a tener en cuenta a la hora de optar entre las diferentes fuentes energéticas.

El aceite de oliva tiene un valor calórico de 9 calorías por gramo, lo mismo que cualquier otra grasa animal o vegetal, sin embargo, su composición química -alto en ácidos grasos monoinsaturados, específicamente ácido oleico (alrededor de un 70%), y bajo en saturados y poliinsaturados- lo hacen mucho más sano que otros aceites.

De hecho, su consumo moderado tiene una serie de beneficios para la salud que han sido comprobados en los últimos años por estudios de los más prestigiosos médicos y centros de estudios del mundo, como la Universidad de Barcelona (España), Universidad de Münster (Alemania), Universidad de Atenas (Grecia), Pontificia Universidad Católica (Chile), Instituto Nacional de Investigación en Alimentación y Nutrición (Italia), entre otros.

El consumo de 25 gramos de aceite de oliva virgen al día (unas dos cucharadas) aporta un 50% de la cantidad de vitamina E (antiesterilidad) recomendada para el hombre y un 62,5% para la mujer. Además, entrega un rico aporte de vitamina A (favorece las defensas del organismo), D (antirraquítica), F y K (antihemorrágicas).

También se han comprobado importantes efectos en el aparato circulatorio: ayuda a prevenir la arteriosclerosis y las afecciones cardiacas, principalmente el infarto de miocardio, angina de pecho y trombosis cerebral. Reduce el colesterol total y el colesterol LDL (malo), la presión arterial, la agregación plaquetaria y la coagulación sanguínea. En cambio, aumenta el colesterol HDL (bueno).

Otro de sus beneficios se refiere a sus propiedades anticancerígenos. Está comprobado que el aceite de oliva ayuda a proteger del cáncer de mama, aunque también protege frente a otras formas de esta enfermedad.

En relación al aparato digestivo, el consumo moderado de aceite de oliva mejora el funcionamiento del estómago, hígado, páncreas e intestino. Además, este producto resulta ser un remedio natural contra las úlceras, reduce la acidez gástrica y actúa también como un antiinflamatorio.

En el sistema endocrino, mejora las funciones metabólicas, y en el sistema óseo estimula el crecimiento y favorece la absorción del calcio y la mineralización de los huesos.

El efecto protector del aceite de oliva virgen podría ser más importante en las primeras décadas de la vida, por lo que aconseja que su consumo se inicie antes de la pubertad y se mantenga a lo largo de toda la vida. De hecho, muchos pediatras recomiendan incorporarlo en la alimentación infantil, por el tipo de grasas insaturadas que contiene, y cuyas propiedades pueden reemplazar algunos de los aportes de la leche materna. Pero también es beneficioso para la tercera edad por sus propiedades antioxidantes, ya que evita las enfermedades neurodegenerativas como el mal de Alzheimer; y últimamente se ha comprobado que tiene efectos importantes en el sano crecimiento del feto durante el embarazo.

Pero eso no es todo. El consumo de aceite de oliva tiene también un efecto protector y tónico de la epidermis, por lo que se recomienda para todos aquellos que se preocupan especialmente de su piel.

 
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Dra. Inés Urquiaga R.
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